Un graffiti de 100 metros de altura

 

Seguro cuando vengas hacia el Centro de Bogotá, podrás ver un mural gigante con rostros de niños sonrientes. Quizá reconozcas quienes son los artistas, los trazos de Toxicómano y Dj Lu hacen parte del arte urbano de la ciudad (y el mundo) hace más de diez años. 

 

Aquí queremos contarte la historia cómo logramos tener esta obra #EnElCentroDeTodo.

 

Todo empezó cuando conocimos a Dj Lu en persona. Su buena vibra nos hizo saber que queríamos trabajar juntos y él enseguida se dio cuenta de que el costado norte de nuestro edificio podría tener un graffiti gigante.

 

Su propuesta era trabajar junto a su amigo Toxicómano, con quien ya había hecho obras antes y podía darle una mirada más completa al mural. Les dimos carta blanca para usar esta pared como un lienzo del mensaje que quisieran enviar a la ciudad. 

 

Los artistas, siguiendo su línea de enviar mensajes sociales y políticos por medio de su obra, decidieron que lo que querían era mostrar los rostros de niños de diferentes partes del país, para que así toda Bogotá pudiera recordar la diversidad que existe en Colombia y hacer visibles a los invisibles, a aquellos que olvidamos en nuestro día a día. Además, agregaron divisiones entre los rostros con diseños típicos de los tejidos colombianos.

 

Con el diseño listo, venía la parte miedosa del asunto: las alturas. Los graffiteros estarían a 100 metros de altura subidos en un andamio que colgaba del edificio. Y sí, aceptaban que tenían miedo, porque cuando pintan en la calle normalmente se enfrentan a la policía pero esta vez se trataba de estar separados del suelo por mucho. ¡Un reto!

 

Luego de hacer un curso de seguridad en alturas ya estaban listos. Todos estábamos emocionadisimos por que empezaran a trabajar en el mural, sabíamos que el resultado iba a ser increíble y ya lo queríamos ver. 

 

En teoría no tomaría mucho tiempo, máximo dos semanas. Dj Lu y Toxicómano empezaron pintando toda la pared con un color base, y luego comenzaron a poner stencils cuadrícula por cuadrícula de arriba hacia abajo (usaron 800 pliegos para esto).

 

Cuando ya llevaban avanzados los dos rostros superiores, el Gobierno colombiano declaró la cuarentena por el COVID-19 y todos tuvimos que quedarnos en casa. Aunque sabíamos que la terminarían, fueron momentos impredecibles. ¿Cuándo podrían volver los artistas? ¿Tendríamos que esperar mucho para ver su obra terminada? 

 

La obra tuvo que parar por casi un mes. Apenas la Alcaldía de Bogotá dio los permisos para volver a trabajar, los artistas volvieron a subirse al andamio a terminar. 

 

En el tiempo que duraron haciendo este graffiti vivieron muchos más retos inesperados, además de una pandemia mundial. Un día se fue la luz y se quedaron suspendidos en el aire por una hora, sin poder mover el andamio. Otros días, la brisa que baja de las montañas del oriente de Bogotá los hacía moverse más de lo que esperaban. Y por supuesto, la lluvia bogotana hizo su aparición más de una vez.

 

¡Pero acabaron! Y ya tenemos una joya más en el circuito de arte urbano de la capital.

 

En palabras de Dj Lu esta obra es “una celebración o canto a la diversidad colombiana”, mientras que Toxicómano opina que ésta más que un espacio político, es un espacio para incentivar esperanza en la ciudad. 

 

Un graffiti no se trata solo de rayar una pared, según explica Toxicómano: “pintar en la calle significa un montón. A través de mi obra, puedo dar un mensaje a la sociedad de empoderamiento donde todos podemos aportar de una otra forma. Esperamos que estos rostros representen a cualquiera”.

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